Entre 1850 y 1900 la población de América Latina se duplica: de 3 millones y medio pasa a 6,2 millones, mientras que es superior al 68 por ciento entre 1900 y 1930 con 104 millones de habitantes. El gran crecimiento está relacionado con el aumento en la demanda de mano de obra vinculada con la inmigración y la exportación de productos agrícolas, especialmente en Argentina, Brasil, Chile, Cuba y Uruguay. Para esta época Brasil se convierte en el país más poblado de América Latina, desplazando a México de su posición de predominio demográfico. La inmigración neta a Argentina fue de 4 millones de europeos, 2 millones en Brasil y en torno a 600.000 en Cuba y en Uruguay. En Chile se estima una inmigración de 200.000 personas. A Venezuela llegan 300.000 europeos entre 1905 y 1930, pero sólo un 10 por ciento permanece en el país. La inmigración a México es escasa, algo menos de 34.000 personas entre 1904 y 1924.
Pero algunos vuelven a sus lugares de origen, otros cambian de país. A la Argentina, por ejemplo, llega un buen número de trabajadores estacionales, conocidos con el nombre de inmigrantes golondrinas atraídos por los elevados salarios, los bajos precios del transporte marítimo y por el hecho de que el período de menor actividad en el calendario agrícola del Mediterráneo coincide con el de mayor actividad en Argentina, lo que facilita los desplazamientos por dos o tres años. Al finalizar su estadía vuelven con unos pequeños ahorros, que a más de uno le permite comprar un pedazo de tierra. En Argentina, sólo se queda el 34 por ciento de los inmigrantes entre 1881 y 1930. En Brasil, el 46 por ciento, entre 1892 y 1930.
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