Las remesas que llegan a Italia durante los años de la gran emigración, permitió en muchos casos la recuperación de un gran número de familias, en su mayoría campesinas. Los hijos que están en América, ahorran una determinada cantidad de dinero y lo envían a Italia mediante giros internacionales o consulares, por medio de bancos privados, a través de billetes del Estado italiano o de la Banca d'Italia, del Banco di Napoli, o del Banco di Sicilia.
Girar dinero a casa no es un trámite fácil porque los procedimientos son de por si complicados; muchos no conocen el idioma local o las oficinas del correo están lejos de los lugares donde, en general vive la mayoría de los italianos, como por ejemplo, los centros mineros, los campamentos de construcción del ferrocarril, las estancias o las fazendas.
La práctica más usada es el acaparamiento de billetes italianos que los inmigrantes compran con sus ahorros, sobre todo son billetes de valor inferior a las veinte liras. Se trata de una operación riesgosa y cara. Hubo varios cónsules italianos que denunciaron abusos y daños a inmigrantes por parte de banqueros privados que, en el caso de Estados Unidos donde no se había establecido la banca italiana oficial, muchos prestadores y usureros se aprovechaban de los ahorristas.
|