Las noticias que llegan de América son cada
vez más esperanzadoras y las nuevas formas de trabajar la
tierra hacen que ya no sean necesarias tantas manos campesinas.
Los sueños pueden ser realidad. Sólo hay que partir.
Dejar la casa, la mesa, los roperos, el campanario. Armar el baúl.
Tomarse el tren hacia el puerto de Génova, conseguir el pasaje,
embarcarse en naves a vela o a vapor y dejarse llevar hasta el otro
lado, al nuevo mundo, el mismo con el que soñaba Cristóbal
Colón. Después América Latina. Primero parten
del Piamonte y del Véneto hacia Argentina, Uruguay, Brasil
o Chile. Mientras miran desde la cubierta el océano misterioso,
sueñan con la tierra prometida. Veinte días después
desembarcan con el cansancio, los baúles, los bolsos y los
hijos. Entran al hotel de inmigrantes. Ya están en América.
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