La
tierra no da para todos. Pero el sueño de tenerla puede cumplirse:
sólo hay que partir. Dejar la casa, la mesa los roperos,
el campanario. Armar un baúl, guardar la ropa y también
las esperanzas. Viajar hasta el puerto de Génova, conseguir
el pasaje, embarcarse y dejarse llevar hasta el otro lado. Hasta
América Latina. Donde está el nuevo mundo, el mismo
con el que soñaba Cristóbal Colon. Parten campesinos
y obreros del Piamonte, Calabria, Sicilia, Lombardía, Puglia,
Campania a Argentina, Uruguay, Brasil o Chile. Más tarde
los técnicos italianos van a Venezuela. Los sueños
comienzan a hacerse realidad.
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